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Mujeres desnudas, el darling y yo. ¡NOVEDADES!

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La primera vez que me desnudé delante del darling no era darling ni se le esperaba. La primera vez que me desnudé para él no era para él sino para su cámara. Y estaba nerviosa, incómoda y avergonzada como nunca.

Mis referencias sobre él eran escasas: viene conmigo a clase (poco, la verdad, que ya sabéis de la Universidad antes del Plan Bolonia), hace unas fotos geniales, tiene pinta de amante bandido y me gusta un poco.

No sé cómo me ofreció lo de las fotos y no sé cómo dije que sí. El caso es que en esa tarde de septiembre me recuerdo con unas bragas monísimas que no quería quitarme y una risa nerviosa que me delataba: tú vergüenza no tienes, es que te mola el chaval. Cuando salí de allí, me di cuenta de que toda la ropa del mundo nunca podría hacer que me sintiera tan poderosa ni tan segura de mí misma como desnuda. Jamás había visto mi feminidad tan bonita, tan natural, tan defendida.

Y el resto es historia.

Esa manera en que yo me vi a mí misma en sus ojos (que es su cámara) se ha repetido en cada ocasión que me ha disparado una foto. Y estoy segura de que de algo muy parecido podrían hablarme las muchas mujeres que se han desnudado delante de su objetivo.

Admiro a Emilio como persona y como fotógrafo. Creo que sus fotos son un relato sobre el empoderamiento femenino que cuenta cosas complejas con una belleza sencilla. Creo que sus fotos nos defienden. Defienden que la mujer desnuda es un animal natural, salvaje, libre.

Convivo con sus sesiones. Con sus ideas. Con sus proyectos. Con sus exposiciones. Con sus libros. Con sus cámaras. Con sus carretes. Con sus fotos. Tengo la inmensa suerte de convivir con sus fotos a diario y eso me parece un regalo.

Y lo que os presento hoy es mi homenaje a esa suerte, a su trabajo, al desnudo y a la mujer (me da vértigo y me siento pequeñita, pero emocionada): he dibujado sobre sus fotos las formas limpias, puras, simplificadas de los cuerpos femeninos que ahora no tienen rostro porque somos todas. Porque representan a la mujer, a cualquier mujer, a cualquier cuerpo. Con sus redondeces y sus rectas.

He dibujado en estas láminas sus pieles, sus colores, sus defectos perfectos y todo lo que envuelven sus cuerpos y no se ve: sus sueños, sus desvelos, sus recuerdos, sus heridas.

¡Ay! Que yo no sabía lo que era la vergüenza hasta que escribí este post... :)  Pero a la vez me muero de ganas por enseñar estas novedades tan especiales:

Pincha en cada foto para ver más detalles.

Imagino que a estas alturas quieres ver todas esas sesiones de las que hablo, llena de mujeres libres, inspiradoras... Aquí tienes su web y aquí su instagram (hasta que censura caiga de nuevo sobre su cuenta).

Yo ahora me voy corriendo antes de releer el texto y morir de la vergüenza. Pero no sin antes darte las gracias porque llevas pasando tanto tiempo por aquí que ya has leído el post donde presentaba a mi madre y nuestro trabajo juntas, y después el de mi abuela.

Era cuestión de tiempo que apareciera el darling. Lo que no sabía es que iba a costarme tanto...

Deseo de todo corazón que te gusten nuestras nuevas láminas :)

Gracias siempre por leer,

                  Isabella.

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