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Me retiro a un pueblo, pueblo.

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En mi casa flipaban cuando me oyeron decirlo. “Anda ya la niña se va a ir, con lo que ha renegado del pueblo este. Y lo va a cambiar por otro más chico todavía. Si ella es más bien de Londres o de Barcelona. Antes se va a Barcelona con sus tíos. Ya verás, Dieguito”. Parrafada de mi madre a mi padre. Así está la pobre, que ha aprendido a usar guasap para preguntarme tres veces al día cómo estoy. Por si le aviso de la emergencia y vienen con el camión de mudanzas.

 

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“El éxodo hacia los pueblos ya no se vive como un retroceso, sino como una mejora en la calidad de vida”

Leía ayer un artículo en un dominical atrasado (los dominicales son uno de mis grandes vicios) que cada vez son más los urbanitas que emigran a las zonas rurales:

Vaya, que Cohete, Totó, el darling y yo estamos de actualidad. Sobre todo el darling, que venía de Madrid. Porque yo… venía de pueblo. De pueblo a pueblo y tiro porque me toca. Aunque vaya por delante que esto es pueblo-pueblo y, comparando, mi otro pueblo, una ciudad.

EQUIPO-FINAL-WEB

En fin, que más adelante el artículo dice lo siguiente:

“¿Las razones de dicha emigración? Para unos, la crisis económica. Para otros,  como el antropólogo  Luis Díaz Viana: No se busca tanto la naturaleza como el tiempo perdido y añorado. No tanto un espacio como una identidad

Oiga, Luis, que algunas nos mudamos por amor. Y lo de mejorar la calidad de vida… tengo mis dudas.  Veo más coches que personas, muchos más. Y las verduras ecológicas no hay quien las encuentre. He encontrado pan, eso sí. El campo lo tenemos a 5 minutos, varios campos, todo el campo que queramos! Tenemos vacas sueltas, y  liebres, puestas de sol sobre rocas, charcas, grullas, parques con miradores a  la montaña, iglesias bonitas, casas señoriales, los mejores boletus en temporada, oficina de Correos sin colas y hasta yoga. ¡Tengo maestra yogui al lado de casa! El yoga ha conquistado el mundo, señores. Ah, y cuestas. Cuestas hay en todas las calles. Cuestas infinitas, cuestas inclinadas hasta el punto de rozar con la frente el asfalto. Cuestas que me van a lanzar al estrellato. Bueno, a mi no, a mi culo. Haciéndome con un seguro millonario para mis nalgas como Jennifer López.

Iba yo a quejarme y al final sólo he encontrado bondades. Será que estoy de buen humor. Pero vamos, que otro día os cuento los temas peliagudos como las señoras que me preguntan cuanto pago por mi casa (así, sin anestesia, en plena puerta) o los señores que nos lanzan un “vosotros qué hacéis aquí”al darling y a mí como si nos hubiésemos perdido.

Veo venir que el blog se convierte en un diario. Avisados estáis.

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Ey, ¡vente al pueblo!

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